Albinos en Tanzania. La Ruleta Rusa de Mendel | Ana Palacios

Ana Palacios | Photojournalism

Prólogo

En 1866, Gregor Mendel demostró con sus experimentos genéticos que la naturaleza es caprichosa. Demostró que dar a luz a un niño albino de padres negros es poco frecuente pero estadísticamente posible. El albinismo es, por tanto, parte de la armonía en el orden del cosmos. Es el hombre, ignorante de esta ley de la naturaleza y sin ninguna base científica, el que bautiza de “bendición” o “maldición” la condición de ser albino.

Generación tras generación, la tradición en África ha decidido maldecir al albino, convirtiéndole en marginado e incluso, en los últimos años, objeto del deseo de hechiceros para pócimas de “buena suerte” que jamás han demostrado ninguna efectividad.

Tanzania, con el mayor índice de ciudadanos albinos del mundo, se ha visto obligada a construir centros que acogen y protegen a la comunidad albina en distintos puntos del país. Desde hace varios años también lleva a cabo exhaustivas campañas de educación y sensibilización para erradicar estas infundadas creencias que tanto perjudican y ponen en peligro de muerte a las personas con albinismo.

Sinopsis

Zawia, Alfred, Yonge… son niños. Niños albinos que viven encadenados a esa tradición que los condena injustamente a la discriminación. Sumergidos en la infancia, saben que les espera un futuro más difícil todavía que a sus hermanos negros. A la falta de melanina en su piel se añaden problemas serios de visión y alto riesgo de cáncer de piel por falta de protección solar que les da una esperanza de vida de 30 años. Lo saben y eso les hace más fuertes.

Aprenden, disfrutan y exprimen cada momento con una vitalidad excepcional. La vida no se lo pone fácil pero lucharán hasta el final por la igualdad de oportunidades. Ser elegido por el azar de la genética no es razón suficiente para que sus derechos se vean comprometidos.

No quieren ser diferentes, porque no son diferentes.

Proyecto apoyado por las ONGs AIPC Pandora y África Directo.

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